25 años sin el gran cronopio no podían pasarse así, en blanco, como si nada hubiera ocurrido, como si el mundo siguiera girando con la misma cualidad. es decir, nuestro contaminado planeta sigue en su giro mecánico, exacto, pero hacia adentro, en el mundo humano, no queda sino seguir extrañando a este gran hombre que supo promover la empatía en sus lectores, que supo contar de las maneras más simples y, quizá por ello, más poéticas el dilema del hombre enfrentado al producto mismo de su industria, a los detritus que invariablemente resultan, como efecto colateral no muy bien calculado, de su empeño por por tratar de, paradójicamente, vivir mejor. quizá para algunos esta conducta, de quienes aún sentimos tristeza por su desaparición, caiga en el catálogo del drama... quizá, y es eso, precisamente, lo más preocupante de este hecho. estamos tan embebidos en la ideología del progreso que, para muchos, llorar (metafórica y, a veces de forma material) la desaparición de alguien que ni siquie...