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Viernes en el DF

Segundo día en la capital. Una noche en la casa de mi tía. Despertar para descubrir a mi primo el gordo convertido en mi primo el flaco.
Mi primo de suerte extrema que no logro ponerlo bajo la etiqueta de peligro.
Mi primo se llama Israel. Y con él, en su compañí­a, he atravesado por accidentes de bicicleta, auto y moto. El más terrible fue hace 12 años, según mi cuenta, hace 14 según la de él. Viajabamos en moto, a 140 por hora y un perro se atravesó. Yo salí­ volando. Me rompí­ dos costillas y se me estrelló el calcareo derecho. Él sintió lo que era que tu brazo se salga del soquet. Ambos, supimos lo que eran las quemaduras del asfalto.
Sólo habí­amos salido a dar la vuelta, mientras mis tios regresaban para llevarnos a ver Robocop 2.
Una espera accidentada.
Desde entonces crecimos un poco más. Tratamos de volvernos responsables. Yo me casé. Un año después lo hizo él. Yo me divorcié, él no.
Y llegamos a esa mañana del viernes 25. Él invitandome a ver Terminator 3, yo con planes de visitar editoriales.
Al final cedí­... Y pagué mi cuota, mientras corriamos para alcanzar la función de las once, yo señalé a un taxi, sugerí­ que lo tomáramos y dejé de ver el suelo. Terrible. Mi pie derecho chocó con un registro y aterricé casi de cara. Casi. Aún tengo buenos reflejos y sólo se medio manchó una pierna de mis jeans... Y claro, se me volvieron a salir las dos viejas costillas que nunca han quedado demasiado bien.
Ver Terminator 3 con un dolor de costillas, creo que la hizo más verosimil.
O quizá sólo pasa que me encanta esa historia. Y que la lógica del argumento me encantó. Pero más aún la terminatrix. Pero mucho más aún...
Medio día y las editoriales cerradas. Una armando cita para la próxima semana, las otras dos, vacío en la lí­nea telefónica.
Después tiempo para cazar libros y comics. De los libros, sólo compré el nuevo de Mario Bellatin: Perros Héroes. Apareció desde mayo, peros mis bajos fondos actuales sólo me permitieron comprarlo hasta ahora.
Babié por el nuevo de Auster. Volví­ a abominar que hubiera tantos tí­tulos de Bradbury -todo esto en Gandhi Miguel Angel de Quevedo- y casi orgasmié cuando descubrí que aún tienen mi novela El cuadro, el cubo y siete pesos en existencia y que ahora estoy colocado hasta el frente y dentro del rubro autores latinoamericanos.
Y eso ya era promesa suficiente. Y la creí. Y la hubo. Al menos a nivel estética. En CONACULTA conocí­ a la primer belleza extraordinaria del dí­a: delgada, rostro sonriente, una falda a la cadera y una voz cachondamente ronca. De ella tengo su teléfono. De la segunda, sólo su imagen. Detenida frente a la ventanilla de la puerta del metro, su nariz larga y perfecta, sus ojos oscuros, su cabello lacio y en permanente juego.
El día estaba hecho... Y entonces descubrí que no había más Doom Patrol 22.
Pero no hubo depresión. Hubo platica y cervezas con Pascal, hasta altas horas de la madrugada. Hubo la lectura de Bellatin... Otra vez no sé que pensar, me gustó más que Jacobo el Mutante, pero me pareció igual de intrascendente en su mensaje. O igual de simple el mensaje. De cualquier manera, disfruto enormemente su prosa, la manera de elaborar intrigas...
No sé si lo compro sólo por la prosa o por que ya soy adicto a sus historias, o porque estoy esperando el momento en que me de otro Salón de belleza u otro Poeta Ciego. No sé... pero como tampoco son libros largos, que te consuman excesivo tiempo, creo que tampoco me importa. Algo me deja leerlo. Y creo que ese algo es aún suficiente. Por ahora.
Dormir. En el piso, sobre colchenetas improvisadas y con bastante frío...
Luego un sábado en que corroboré que un buen sastre puede hacer maravillas: me probé el más increí­ble smoking de cuello mao que he conocido. Si todo sale bien lo usaré en un mes.
Si todo sale mal, puede salir de distintas maneras.
Estar en esa tienda, me volvió a poner en perspectiva frente al mundo fresa.
Estoy fuera. De ese y de todos los otros mundos.
Excepto del de la belleza.
El sábado cerró con dos six de Coronel de "the beer factory" y una buena sesión de pelí­culas en el nuevo DVD de Pascal... Y más pláticas chidas.
Sólo lamento que el tiempo jamás me alcance para hacer todo lo que planeo en este tipo de visitas al DF.
Esto, ahora sí­ salió como diario...
En fin, supongo que el cambio de mareas o frecuencias es comun en esta clase de lugares.
Aún no sé qué estoy haciendo con este blog.
Sólo quiero decir que me siento bien.
Muy vivo... Y Muy coleando...
Igual suerte para ustedes...

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