complemento anime
Y obviamente se me olvidaron algunas series. La primera que puso el dedo en la llaga fue una sobre un robot gigantesco. Y me la vivía en esos tiempos de kinder haciendo figuras de plastilina sobre él.
Es una serie que data de 1963, "El Hombre de acero". En japonés es
Tetsujn 28 go, segun
Esta lista que ha resultado ser la más exclarecedora para todas las series que vi en mi infancia y nadie parece recordar.
De 1966 es "El Escuadrón Arcoiris"
Rainbow Sentai Robin. Y si todo sale bien, aquí aparecerá una imagen del libro de arte de su creador con el link para la compra:
 | artbook-Rainbow Sentai Robin | _ | (1978) Tokuma Shoten |
También del 66, ese año en que nací, es otra que me volvió loco con lo del submarinismo: "Marino y la patrulla oceánica", Ganbare! Marine Kid
Y de1967 es "la Princesa Caballero" Ribbon no kishi
Y las imágenes fueron tomadas de:
Princess
Y de 1972 es "Tritón" Umi No Toriton, cuyo tema de entrada me sabía en imitación fonética y es hasta hoy que entiendo una partesita.
Y faltan más. Muchas más. El capitán Harlock, las batallas del Yamato... Pero chequen la página que marqué arriba. Ellos en verdad saben de lo que hablan.
Yo aquí sólo debrayo la melancolía...
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aunque no lo quiera, esa es la pregunta que, aun en mí, prevalece como la más constante. la más acuciante... es decir... como memoria en línea, así, libremente asociativa, libre en su interacción, interrelación de temáticas, recuerdos y estructuras, fantasías y hasta sueños, este blog permanece impecable, fiel a sí mismo. ¿pero es esa la única función de un blog? es decir, ¿no hay que ofrecer ni la mínima coherencia? ¿el mínimo intento de fraguar un hilo conductor que no sea el protagonista mismo, el escritor de estas pantallas? es decir, aquí, en este espacio, estas pantallas hay de todo. también, nada... aquí hay impresiones, hasta promesas... ¿basta eso? no lo sé. el blog, a veces, se revela como el espacio por excelencia para el vouyeurismo del alma... una suerte de revista de chismes sobre el espectáculo individual, una especie de reality show del solipsismo inútil que, a final de cuentas, conduce a la nada... y eso que no parecía haber más nada que la nada que fabrica ese seudo p...
hace unos cuantos post, volvía a preguntarme cual es la finalidad de un blog. mi respuesta es, obviamente, personal. la blogosfera arropa infinidad de cabezas, infinidad de cerebros. y Zárate, ya hace días, tal vez meses, decidió volver a las andadas. decidió actualizar su cerebro en la red. no con debrayes, sesudos ensayos, ni nada por el estilo, sino a través de una de sus más grandes pasiones: los minicuentos. Cuenta atrás de José Luis Zárate se ha transformado ahora en una suerte de libro virtual que va escribiendo en línea. es decir, no está posteando su vieja, olvidada obra. sino escribiendo directamente para esta blogosfera multiusos que todos visitamos. escribiendo directamente para estas páginas electrónicas. sería bueno que probaran, degustaran este esfuerzo. a partir de hoy, el link quedará fijo en la columna de la derecha, en el apartado, blogs de escribas. ¡disfrutenlo!
y no. el sueño no llega. llega la nostalgia en la búsqueda de vieja música. ¿quién era yo en 1981? alguien importado de jojutla al DF. alguien que conocía, había usado el metro en años anteriores, pero por primera vez lo hacía solo. una noche de adolescente soledad, ahí, en el sistema ambiental del metro, ocurrió la maravilla que me hizo sentir el primer toque de futuro, el primer ramalazo de cyberpunk. es este: y quizá es exagerado decir cyberpunk, pero era una urbe agreste, llena de ofertas para el consumo adolescente, mismas que incluían modelos a escala de las imponentes naves interestelares del anime japonés. por supuesto, en aquella noche, jamás supe, imaginé siquiera que el autor era Jean Michel Jarre y que se trataba del segundo track del LP Oxígeno. a la mañana siguiente le comenté mi éxtasis a Humberto. y mi buen amigo preparatoriano combatió con Tomita. un track en especial me sedujo, Marte, por supuesto, es éste: y me sedujo, precisamente porque, de acuerdo a mis memorias, ...
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