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¡santos días santos!

Batman no cuelga por aquí, tampoco ninguno de sus alter egos o animales totémicos, aunque mi primo Javier --que viviera, naciera en esta misma casa Jojutlense-- llegara a tener un murcielago por mascota que solía dormirse colgado del cable de ese foco que antes solía ser de 100 watts y ahora lo sustituye una lámpara ahorradora flourescente.
Robin dio la pauta de interjección, nada más.
Aunque la interjección prevalesca.
No puedo quejarme de estas vacaciones, de mis travesías con la Lobita y la completa manada. Y sí, también puedo hacerlo. Aunque sería más visceral que meditado.
El caso es uno. Uno que se repite con cierta constancia: justo en el momento en que mi productividad parece ideal, algo llega a romperla. Generalmente son amigos, con borracheras imprevistas. Ahora es este viaje a Morelos que, aunque me carga de energías, disfrutes hace tiempo no experimentados; sí consigue ralentizar el proceso de escritura.
Pero no me quejo.
Lo peor, pero lo peor, es reconocerme instalado en vacaciones, cuando he tenido demasiadas, cuando he dejado al menos un lustro de aporrear el teclado como se debe. Pero las cosas son así. La vida llega, para nutrir la literatura. Y las vacaciones también, cuando ya son precisas. Porque, en igual circunstancia de Lo Peor, se encuentra el hecho de que puedes pasar años sin realmente hacer nada, pero preocupandote por no hacerlo. Y cuando al fin te sabes en el adecuado carril, ya eres capaz de reconocer la necesidad de estas vacaciones, sobre todo de ti mismo.
Y aquí sigo, leyendo, aporreando cada que puedo el teclado. Mi plazo de cualquier manera se acaba el viernes. Después a meterme duro...
¿Pero por qué santos días santos? Porque, inconscientemente, sin planearlo, durante toda esta cuaresma me la he pasado estudiando textos biblicos o que tratan o que cuestionan las escrituras.
El resultado es energizante. Ambiguo, pero energizante...
Supongo que continuaré lecturas, deambulares por la zona crepuscular, por el filo de la navaja en esta cuestión de fe.
Supongo y lo agradesco. Hace años cursé un diplomado en teología. Lo necesitaba, mental y sentimentalmente. Y en ambos fructificó esa vuelta a las aulas. Aunque tras un par de años, extrañaba ya mi vena inquisitiva, el saberme conforme. Peor aún, el no encontrar nuevas aristas a mis planteamientos.
Hoy estas nuevas aristas son verdaderos ángulos. Unos que me hacen salir de la estática, plantear nuevas geometrías, menos euclidianas, que me hacen sentir vivo. Y nada lejos de la fe, aunque sepa que este viernes no será ortodoxo, aunque sepa que mi devenir sera trotamundos, extraño, en el exilio autoimpuesto...
Llegué a pensar que no sería tan así. Había tiempo para readaptarse... Y luego abrí el mail y encontré una actualización de la revista argentina de CF de Luis Pestarini, en la red, que incluia el resumen de una novela que Philip K. Dick propusiera a su agente, pocas semanas antes de pisar el otro mundo, y que apenas acaba de ser descubierto. La info, aquí.
LOS ACTOS DE PABLO: UN RESUMEN, por Philip K. Dick
La info es un resumen tal cual. La escaleta de una historia que el ambiguo señor de Berkeley no alcanzó a escribir. Después de leerlo quedé sorprendido, como siempre, ante el maestro de la CF. Sorprendido de la simple premisa que en sus manos pudo dar una novela genial. Sorprendido de no haberlo pensado yo mismo, pese a la simplicidad del planteamiento. Sorprendido, again, porque lo encuentro en la semana mayor. Y sorprendido, por último, porque se me pasó por completo hacer tributo, en estas pantallas bloggeras, a su aniversario luctuoso número 23...
Tratar de remediar tal falta ahora, sería equivalente a un pegote. Un parche tipo videogame para PC después que gastaste en el juego...
Tratar de no ver lo que me presenta la casualidad extra que me proporciona esta actualización de cuasar, también suena exagerado.
Tengo que admitirlo. Sigo al influjo de la magia cotidiana. De los milagros diarios. Desde un punto de vista, una perspectiva no heretica...
Al menos eso es lo que yo creo...
See you soon, you people behind the screen...

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