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Ingrediente del deseo

Domingo; día terrible para la rutina, demostración fehaciente del
éxito de la zoombificación social y cumbre del éxito en el fracaso de
la remuneración fisiológica al trabajador.
Domingo, primer día de la semana en todo calendario excepto en el que
portamos en la cabeza.
Cuando eres chico, día familiar, de caricaturas rotas y alienación
futbolera. Día de misa o de templo, insalvable.
Domingo. Día desastre. Quiste en el perenne deseo de aprovechar mejor
una semana, esas últimas horas de descanso, para al fin conseguir
hacer lo que hace mucho quieres, necesitas hacer para ser tú, para
seguir siendo algo más que ese zombie cotidiano, ese automata, ese
androide de falsas sonrisas.

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