miércoles, agosto 27, 2003

Lluvia en los días

Y nada. No tengo ganas de comentar aquel libro.
Hace un tiempo extraño en esta ciudad de ángeles petrificados. Se parece más a la que conocí hace catorce años. Permanentemente húmeda y un tanto ajena...
Parte de los eternos ciclos, supongo.
Ayer regresé al Colibrí, a tomar Yolispas, ahora acompañado por Efigenio. Regresé tras tomar cuatro cervezas en la Matraca y platicar un poco con Meneses...
La lluvia cae en todas partes. La cultura inundada por el virus de los arribismos... Nada. Quizás esto está saliendo demasiado críptico... Pero es así como lo percibo. Una niebla extraña que permea los horizontes.
Nos la pasamos muy chido, Efigenio y yo, planeando nuevas locuras y sin dejar trabajar a Francisco... Estuvimos espiando el naranjoso ojo de Marte... Y sustituyendo el telescopio y/o los vinoculares con un simple telefoto de baja potencia...
De cualquier manera y con mi vista, sería un milagro que lograra ver algún canal (sí, ya sé que no existen, pero dan ganas de ver lo que vio Percival Lowell, dan ganas de imaginarse que aquello es Barsom y Dejah Thorris mira aún con sus bellos ojos plagados de nostalgia, este punto azul).
Marte parecía tener las dimensiones de venus. O quizás un poco más grande....
Y ya saben, las viejas tradiciones, los sueños podridos... Empecé a preguntarme si valdría la pena pedirle a esa Nueva Estrella de La Mañana, las cosas que Venus se ha negado a darme desde hace casi dos años...
Nunca me respondí... Seguimos bebiendo vodka...
Y todo bien...
Terrible. Sigo poniendome pretextos para terminar mis cuentos...
Bye...

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