viernes, agosto 22, 2003

Otra vuelta

Y de nuevo quise evitar entrar aquí... Esta vez fue un ánimo purista el que me hizo volver.
Hoy, de regreso a Jojutla, cedí a la tentación de pasar a Gandhi Colorines, en Cuernavaca. Sí, el objetivo era tratar de localizar ese nuevo libro de Paul Auster, cuyo nombre ni siquiera recuerdo...
Y nada. Las novedades de anagrama no parecen haber superado el área del DF. Nada en Puebla. Nada en Cuernavaca...
Al menos de Auster.
Descubrí un libro de Barry Gifford ahí. Barato, para ser en pastas duras y de Plaza & Janez. El título: Puerto Trópico. El Precio: 109 machacdantes...
Y ahí mismo, mientras evaluava si comprarlo o no, me di cuenta que en el post donde hablaba de este autor, había mal escrito el nombre. Así que hoy entré básicamente a corregir esa errata... Pero ya encarrerados...
No fue el único hallazgo. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick estaba ahí. En un buen número de ejemplares, en la edición rustica de Edhasa... al increíble precio de 49 pesos...
Tomé ambos ejemplares y vagué, buscando otras cosas interesantes... No encontré muchas, pero si bastante caras... Sabía, también, que siendo viernes habría alguna presentación de libro... Y la hubo... pero no parecía interesante y yo seguía de indeciso. Aún faltan 20 días para que vuelvan a pagarme y mis fondos son muy raquíticos...
En eso, mientras seguía mal haciendo cuentas (es increíble como puede llegar a dolerle a uno que toda la lana se le vaya sólo en comida), la gente se empezó a asomar a los ventanales y a murmurar: ¿ya viste el cielo?, ¿Se vería así el que inundó el DF? Uno de los depéndientes marcó al menos a un par de números para pedirles a sus escuchas que se asomaran...
Y no me quedó de otra que también ver.
Luz semicrepuscular, modificada por el aura de nubes negras, super azules, y algo que yo vi como violeta. Nubes grandes, abarcando todo el horizonte, modificando ese atardecer...
Estaban más chidas que amenazantes... Pero lo cierto es que aún me faltaba tomar un camión... viajar en él por una hora más... así que mandando al demonio a la indesición, pagué ambos libros y fui a esperar la combi...
El viento en lugar de aumentar, empezó a disminuir y cuando llegué a la estación de autobuses, el cielo estaba normalmente encapotado. Listo para brindar una lluvia común...
Y abrí el libro de Gifford... Y agradecí y al mismo tiempo odie, que no fuera medio día y estuviera regresando de Puebla. Creo que hacía un buen rato que no viajaba a estas horas de Puebla a Cuernavaca. Tres hermosas niñas no se sentaron junto a mí, pero sí cerca de mí. De la UDLA, supongo... de 20 a 23 años... No les hablé... las ví un momento y leí...
Pero en el camión a Jojutla, el único peligro de distracción era que no hubiera luces de lectura. Las hubo. Y me eché medio libro, antes de llegar a casa...
Hoy no quería entrar porque el libro me llama...
Ya les contaré mañana que tal...
La lluvia, a Jojutla también llegó raquítica... Pero al parecer las nubes se vieron durante un rato, igual de amenazantes...
¿Presagios fallidos? ¿Lecturas burdas?
Un espectáculo... Con eso basta...

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