sábado, noviembre 22, 2003

breves debrayes

Y la locura no se instala. Fluye. Y en muchos sentidos. Y de diversas maneras.
La locura de traducir poemas con el tiempo encima, con la ayuda de una poeta que hace rato quería conocer y que gusta metaforizar sobre princesas Disney y visiones singulares.
La poeta: Jessica Freundental. Su lectura, poco asistida, como casi todos los eventos en este festival que todos parecen estar organizando en la playa, en cualquier otra zona geográfica que no sea la ciudad de siempre...
Y sin embargo se mueve. Mientras Christa Faust asistía al cuasi performance poético de Hart Fisher, yo platicaba largo y tendido sobre inspiraciones y génesis en la escritura con el primer autor ciego que realmente conozco: Joseph Monks.
Su ceguera no es borgiana. No es blanca, sino negra, como sus escritos.
Para él la biblioteca no fue el detonante, sino una máquina de escribir que su madre abandonara en el garage. Abrir ese cofre del tiempo lo catpultó a escribir. Y a escribir... Al gusto de contar historias de las que no excluye su propia vida...
Seres increíbles en un escenario increíble.
Hoy, tras un concierto Ska en el WTC, tras la cometaria visita de Bef con un nuevo comic-book en mano, terminamos bebiendo vino tinto y haciendo bromas en inglés con el trío de extranjeros que saben lo que quieren escribir para el terror.
Hoy, tras mil tensiones, días apenas salvados, incursiones desde Puebla de Anja e Ismael. Tras cervezas con Pascal y pláticas telefónicas llenas de sueños y nostalgias con Arturo... Una vez más esa poesía hecha carne vuelve a aparecer en un espacio intangible, pero del todo arrebatador...
¿Puede pedírsele más a un día?
Sí... Y también no...
El resto del rompecabezas, queda para ustedes...

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