lunes, diciembre 15, 2003

poesía para cerrar el post

Y sí, aún en pleno desfogue, uno siempre acaba hablando de escribir. En cierta semana, luego de cómo cinco borracheras seguidas, la sensación de estar perdiendo el tiempo miserablemente empezó a asaltarnos. Estábamos en casa de Harald y afortunadamente agarramos un libro de Bukowski. Leimos al azar. Yo algo recordaba mis perdidos libros. Y leí lo que sigue:

COMO SER UN GRAN ESCRITOR
Charles Bukowski


tenés que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y/o los nuevos talentos.
sólo tomá más cerveza más y más cerveza.
Andá al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y ganá
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier boludo puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
dormí hasta el mediodía.
evitá las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acordáte de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
y si tenés capacidad de amar
amáte a vos mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quedáte afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las araña sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
quedáte con la cerveza
la cerveza es continua sangre.
una amante continua.
agarrá una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa
dale duro.
hacé de eso una pelea de peso pesado.
hacé como el toro en la primer embestida.
y recordá a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a vos ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
tomá más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay
está bien
igual.


Y la ligera molestia desapareció.
Y seguimos aquí.
Aunque no pretendamos agotar el circuito Guadalupe-Reyes

(Aunque, claro, la lectura fue de otra traducción (por cierto, puse dos nuevos links abajo, uno sobre Bukowski, el otro una página sobre recetas para escribir).


crónicas deslavadas

Y sobra decir que hace siglos no pisaba estas latitudes virtuales. Y no por falta de anectotas. Quizá por exceso de ellas.
Para mí sigue siendo claramente distinguible el hecho: mis accesos a la net están directamente emparentados con la falta de vida.
Y creo que ahora ha habido bastante.
De toda, buena y no tan buena.
Asceleres de fin de semestre. Problemas clásicos y no tan clásicos. Presentaciones de amigos y conocidos, bohemias en Profética y casi cualquier otro lugar. Y digo bohemias no por la marca de cerveza, ni por evitar la palabra borrachera, sólo por el ritmo en que todo se ha establecido.
Quisiera decir que he estado escribiendo. Y aunque de hecho así ha sido, tampoco es ese el motivo que me mantuvo aparte.
La vida estaba allá afuera. Y voy avanzando por ella. Con rumbo errático, pero verídico.
El jueves tuve un ataque de tristeza. Y platicando sobre ello con Arturo, él pudo definir la problemática: decía que me hacía falta retomarme, revivir mi espíritu. En ese momento estaba preocupado en un tópico específico y no entendí de qué hablaba.
Creo que hasta hoy me cayó el veinte.
Primero, paradójicamente, en la iglesia. Sintiéndo en un momento lo que Octavio Paz definió como Las trampas de la fé y luego siendo revindicado, durante el mismo sermón. Y no, no hablo de que el seminario me haga gestos, hablo de que empecé a entender esa parte pérdida de mi espíritu. La cero pasión con que he ido haciendo las cosas a últimas fechas. Cero pasión, ahora que vuelvo a apasionarme en las calles. Ahora que hay contraste y la pálida sombra de contento con que escribía y jugaba video games, se volvió aún más evidente.
A este descubrimiento han contribuido más cosas.
Hace rato, mirando en Fox la película de The Doors, todo acabó de embonar. De manera real. Exacta. Ver al Morrison virtual haciendo locuras, apasionándose con sus discursos, me hizo recordar mis viejos días en que no había grandes temores.
Y si a eso le agregan el hecho de que por tercera vez vi Matrix Revolutions, la cosa empezará a sonar más confusa e idiota, pero así soy.
Hacen falta eclipses como estos, en todo maravilloso día. Eclipses para salir de la rutina.
No importa que el hecho fuera expuesto en las numerosas borracheras con los Miguel Ángeles y Harald, con Arturo y el contingtente de escritores que gravitamos en las oficinas de Luna Arena y en tantos eventos.
Necesitaba este día.
Y no voy a hacer promesas.
Sólo quiero decir que esto se pone cada vez mejor.
Ojalá pase lo mismo con ustedes.


Reiniciar con poesía

Los pretextos después. Primero las latencias. En realidad buscaba mi wilderness de James Douglas Morrison, pero en su lugar apareció Vallejo. Y un texto brincó de inmediato a mi memoria:

LOS DADOS ETERNOS
César Vallejo


Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
Y jugaremos con el viejo dado…
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.


Y aunque parezca evidente el por qué me gusta, no lo es tanto. Pero eso es otra historia que hoy no contaré. Baste este impulso.
Una aclaración: este poema lleva esta dedicatoria de César Vallejo:
Para Manuel González Prada esta emoción bravía y selecta, una de las que con más entusisasmo me ha aplaudido el gran maestro

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