viernes, enero 30, 2004

baladas viajeras

Vivir, vivir, vivir... Esa es la balada que recorre debajo de mi piel. Que me hace moverme en estos días.
Volver a descubrir placeres sencillos.
Nuevas partidas.
Pero la vida parece ser eso. Un flujo de agua. Un torrente que no debería parar.
Creo que no puedo decir más que eso.
Baste este poema para dar más nortes sobre estos oscuros debrayes:

sol el primero (fragmento)
Odysseas Elytis
I

Ya no conozco la terrible noche anónima de la muerte
En la bahía de mi alma está anclada una flota de astros
Estrella de la tarde centinela para que brilles
Cerca del viento etéreo de una isla que me sueña
Y para que yo anuncie la aurora desde sus altas rocas
Mis dos ojos te abrazan navegando en la estrella
De mi justo corazón: ya no conozco esa noche

Ya no conozco los nombres de un mundo que me niega
Adivino claramente las conchas las hojas los astros
Mi odio es superfluo en las calles del cielo
A menos que sea el sueño que me vuelve a mirar
Para que cruce con lágrimas el mar de la inmortalidad
Estrella de la tarde bajo la curva de tu fuego dorado
La noche que tan sólo es noche no la conozco ya.


Y creo que necesito también oir el mar. Dormir a su arrullo. Ya se verá hasta donde conducen estas nuevas rosas de viento.
See ya soon.

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