domingo, febrero 01, 2004

de empatías

Quizás lo que siempre logra sorprenderme más, a la hora de leer, es encontrarme con sentimientos, visiones idénticas en personas que nunca he conocido, en gente que quizá habla otro idioma.
Un principio de identidad. Supongo. De reconocimiento, es lo que me hizo en mis primeros días como lector, clavarme en los libros, apasionarme con ellos.
En aquel tiempo era sólo ciencia ficción, y aunque esa clave de metaforización parecía inextinguible, también tuve que acudir a otras literaturas cuando esas metáforas futuristas ya no fueron suficientes.
Muchas veces me he preguntado cómo sería mi vida de haber seguido estudiando Ingeniería Química Industrial... Posibilidades de un universo paralelo que no logro vislumbrar del todo... Entelequias que nunca llegan a ninguna parte.
El hecho es que me mudé a puebla y estudié letras. Y esa puerta me llevó a estilos de escritura que quizá nunca hubiera explorado por mí mismo. O lo hubiera hecho al azar, sin ton ni son...
Puebla abrió grandes posibilidades.
Y cada día me lo digo con más frecuencia. Quizá ya necesito cambiar de ciudad... Quizá.
Hoy preparé un post, gracias al regreso de Carlos al Motor. Y digo gracias porque aunque siempre he querido tenerlo, esta es la segunda vez que me lo prestan.
La primera ocasión, fue Sifuentes el prestamista. Un prestamo sacado de su premio Philip K. Dick de cuento de CF.
Me lo prestó y lo llevé de paseo a dar un curso a Oaxaca. En el camino recuerdo haber anotado un montón de citas. Pero sólo eso, citas. Incluso, una de ellas la usé en mi curso...
Después vino el regreso, la pérdida de un amuleto. El libro que regresa a su dueño. Y sólo el jueves pude volver a saber qué decía ese capítulo entero.
Y aquí va:

Héroes (un capítulo de)
Ray Loriga

Cuando tenía catorce años todavía rezaba y le pedía a Dios una chica bonita. Jugábamos al fútbol todos los fines de semana y no siempre ganábamos. En realidad nunca ganábamos. Bebíamos cerveza y le pedíamos a Dios una chica bonita. Teníamos corbatas pero no las usábamos, sabíamos muchas oraciones pero no las rezábamos. Sólo nos acordábamos de Dios para pedirle una chica bonita. A los dieciocho entré a trabajar en una tienda. Nada más verle la cara al encargado, perdí la fe. Era el chico de los recados y aunque era un mal trabajo mal pagado, Dios sabe que nunca me quejé y que todo lo que quería era una chica bonita. Un día pedí permiso para ir al funeral de mi abuelo y me lo negaron. Trabajaba cuando estaba enfermo porque decían que había muchos esperando mi puesto. No era divertido, pero yo no pedía nada. No pedía nada más que una chica bonita. No me gustan los concursos pero he llamado a uno que se llama "llame y pida". Sé que parece un juego de palabras pero no importa. He llamado y sólo he pedido un poco más de lo que pedía antes. Lo único que he conseguido es una batería de cocina mandada a la dirección equivocada. No acabo de entender por qué es todo tan difícil. Nunca he pedido nada. Nada que no sea una chica bonita.


Esa noche, en Oaxaca pasó algo de lo más raro. Estando en un antro rockero una chica se acercó a mí. Pretexto su acción a través de un comic que yo cargaba.
Jamás ha vuelto a pasar algo así.
Magias en tiempo y secuencia independientes...
Es inútil tratar de repetir los golpes de suerte, tratar de reproducir las condiciones que dieron belleza en el pasado. El mundo se mueve y la magia con él.
No sé en donde esté ahora ese particular tipo de magia.
No sé si sabré ser paciente en la búsqueda.
Creo que las palabras de Cioran son exactas en ese sentido:

Vivir es experimentar la magia de lo posible; pero cuando en lo posible se percibe incluso lo gastado que está por venir, todo se vuelve virtualmente pasado, y ya no hay ni presente ni futuro. Lo que distingo en cada instante es un jadeo, y su exterior, no la transición hacia otro instante. Elaboro tiempo muerto, me revuelvo en la asfixia del devenir.
E.M.Cioran


See ya soon...

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