jueves, marzo 18, 2004

poéticas en la angelópolis

Y sí, después de la partida de Arturo hacia el sureste, hacía un ratote que no se reunía el grupo di-verso y ahora gracias a Andrade, el pasado Martes tuvimos una sesión de lectura en cierta biblioteca normalista.
Y digo tuvimos, porque fui invitado y además, de manera suicida, me animé a leer algunos poemas. No fui el único agregado. Araceli también se arriesgó y de hecho abrió el evento.
Buena recepción. Buen evento. E igual aftershow...
Es y creo que seguirá resultándome extraño esto de escribir poesía. De atreverme a leerla o moverla (lease publicarla)...
Siempre tengo un pretexto simple a la mano: soy narrador, no poeta... Pero ayer, que releía mis poemas y me preguntaba porque esa lectura en especial sigue causando un grado sumo de stress en mi persona, decidí analizar los motivos.
Como siempre, no estoy del todo seguro, pero algo es cierto: leo bastante poesía y mi preparación académica debería ser al menos suficiente para hacerme decir si algo es bueno o no... Pero no ha pasado así... De hecho, mis talleres de ser llamados "de creación literaria", han pasado a últimas fechas (debido a que así lo he solicitado) a llamarse de cuento y novela, géneros en los que sí reconozco una cierta pericia...
Y ayer, ayer definí algo.
Nunca sé si mis poemas son en verdad buenos porque en ese terreno, no he conseguido una verdadera autocrítica. Lo explico: aún adoro mis productos poéticos (como alguna vez adoré los narrativos). Aún no logro tomar distancia de ellos. Son, si lo quieren, un producto más surgido del inconsciente, donde el imperio de la escritura automática aún sigue vigente... Donde aún predominan las imágenes del sueño, esos simbolos personales... Esas maneras de hablar que a veces parecen más próximas al monólogo...
Supongo que tengo que esforzarme en tomar distancia. Supongo...
La recepción también fue buena con Harald, Miguel Angel, Gaby y Araceli. O eso dijeron...
Y hubo celebración, cervezas, pláticas, diseño de nuevas rutas en conjunto... Y el inicio de una despedida.
Un amigo más que, en estos menesteres de la escritura, empieza a levar anclas y a orientar popa rumbo a otras latitudes...
Bello y extraño a un tiempo.
Bello porque otros no han detenido sus andanzas...
Extraño, porque parece que aunque yo busque desde hace un ratote esa clase de viaje, este insiste en eludirme...
Ya veremos que deparan las corrientes del futuro.
Ya veremos si consigo hacerme más objetivo en la poesía...
No sé, quizás uno de estos días hasta me anime a postear uno de esos engendros en verso...
Bye...

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