domingo, mayo 09, 2004

lejos de internet...

he permanecido en estos días. Lejos sólo de este mundo virtual, planeando post's que para variar se han olvidado y otros que quizás teclee en un par de minutos, ya fuera de conexión.
Cosas, han pasado. Y no pocas. Pero a la vez son tan triviales que tampoco merecen un gran espacio.
Quería también hablar un poco de cine... Pero lo dejaré para mañana, junto con los post's hechos en wordpad...
Por el momento supongo que esta anotación es sólo para decir: the wolf is well and alive...

Acabo de regresar de una fiesta de cumpleaños, en estas tierras calurosas de Morelos. Hoy, en el camión, releía El péndulo de Foucault y, para variar, a cada página, vuelvo a descubrir esas frases que me arroban y me alejan de la lectura, me ponen a girar en otras órbitas. Esta es una de la primera lectura:
La de cosas que se te ocurren cuando estás solo y clandestino en un periscopio.
¿Por qué esta? Supongo que porque define mi condición de atrapa-aves submarino o subterráneo para la exhibición literaria. Supongo que también cuenta demasiado el hecho de que me encanta la palabra periscopio, y casi todo el entero género de artilugios que terminan con scopio --y este último renglón me lleva a recordar algo: hace años Charly me comentó que en una revista parapsicológica había leído sobre un aparatejo "inventado" en los 50's para ver (literalmente y en cinescopio) el pasado, pero no lo recordaba (y no, tampoco es que alguno de los dos creyera en su real existencia). Si alguien tiene el dato, ojalá pueda mailearmelo, en esta PC estoy ciego a mi tagboard (y espero que sólo aquí)--.

Esta obra de Umberto Eco me ha inspirado incluso cuentos a través de sus frases, no del completo libro; el primero fue Los Motivos de Medusa, en condiciones especiales. La frase fue esta:
Aquellos esqueletos electromagnéticos estaban allí para mantener un diálogo cuya fórmula aún se me escapaba.
Misma que aparece como epígrafe, misma que leí en el teatro Morelos, en Cuernavaca, mientras esperaba el inicio de un concierto de Bach y que tuvo el efecto de hacerme cerrar el libro e imaginar ahí mismo, con la boca abierta y los oídos llenos de piano, la historia completa.
En esta relectura dejé las tibiezas y me puse a subrayar --sí y espero comprar otro libro, uno para que quede inmaculado-- todas aquellas cosas que me hacian suspender la lectura y meditar. Es cruel, para con el libro, lo sé. Y también es peculiar, cuando releo uno de mis viejos ejemplares rayados y encuentro frases que ya nada me dicen, me paro a recordar en que estaba pensando... Y generalmente lo consigo... y generalmente es fructifero. Mirar atrás sin ser estatua de sal. Mirar atrás y ver el antiguo reflejo...
Podría seguir sobre el tema, pero hay cosas que hacer fuera de la red...
Para terminar, baste una sola cita. Una reflexión de Belbo sobre el escribir:

Mientras te contraigas en el vacío puedes pensar que aún estás en contacto con el Uno, pero tan pronto como manosees la arcilla, aunque sea electrónica, te conviertes en un demiurgo, y quien se empeña en hacer un mundo ya está comprometido con el error y con el mal.
UmbertoEco

El péndulo de Foucault
(fragmento)

Si hubiera leído esto antes de enamorarme de la labor de aporrear teclas igual y no escribo nada. Pero llegó tarde. Llegó como un guiño...
Ojalá los demiurgos de esta red me dejen postear esto...
See ya tomorrow...

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