martes, octubre 05, 2004

bester y el sabor de sus narraciones

Si me preguntan por las mejores portadas, las más inspiradoras, las que me hicieron comprar o leer un libro no dudaría en poner en el primer lugar de la lista la que envolvía y presentaba a la edición de Martínez Roca (colección Super Ficción) de Tigre, tigre de Alfred Bester.
Si me preguntaran por la primera novela que pareciera contener el coctel de ideal sabor, cuerpo y textura, señalaría también a esta novela de Bester.
Pero cabe aclarar un par de puntos: me encantó la portada, pero tras un volado, mi amigo Humberto se llevó, en esos lejanos días del 84, el único ejemplar que encontramos en nuestra busqueda por las librerías. Yo me conformé con Regreso a Beltzagor de Silverberg. A la semana intercambiamos (en prestamo) los libros. Y entonces me morí. Esa, Tigre, tigre era la novela, la que estaba buscando, la que necesitaba leer, la que agoté en una sola tarde. Al otro día traté de hacer permanente ese intercambio de libros, pero Humberto se negó. Y en las librerías no volvió a aparecer el título. Regresé el libro y una buena tarde encontré otra edición del mismo, por editorial Dronte, bajo el título Las estrellas mi destino.
Y ahí la tuve y la conservo y cada que quiero puedo releerla, pero no ver esa portada donde la cabeza de un hombre, enfundado en su traje de astronauta, parece dar nacimiento a la cabeza de un tigre.
Tuve, tengo esa edición argentina. Y aún a veces la releo. Y esa me hizo comprar todo lo que encontré de Bester. Apenas cuatro libros más. El siguiente que conseguí, fue El hombre demolido que me produjo una gran decepción, luego traté Computer Conection y Zárate me desanimó a leer Golem.
Quería quedarme con ese sabor de boca que me dejó Tigre, tigre y ya no seguí leyendo el único volumen de cuentos que de Bester poseo.
Y apenas, hará un par de semanas, Zárate se paró por la casa y me pidió prestado ese volúmen: La fantástica luz. Lo saqué del librero, pero entre plática y plática, Zárate lo abandono. Esa misma tarde, insatisfecho con otras lecturas, agarré al paso el libro de Bester. Y ya no pude soltarlo...
Y vuelta a la nostalgia, pero de otra manera. Hacía años que no me sentía tan seducido, tan fascinado por una historia, por la velocidad trepidante de la misma. Fue como volver a mis primeras lecturas de CF, a esa sensación de maravilla que te hacía pegarte al libro y no soltarlo más.
Cuentos y un par de novelas cortas que me llevaron a un viaje de replanteamiento sobre la narrativa. Uno que una semana más tarde comentamos Zárate y yo. Uno terrible; para ambos fue evidente el fenómeno: las historias de los años cincuentas y sesentas estaban dándonos más nutrientes que todas las actuales ficciones...
Suena terrible, pero es cierto. Ya no hay esa premura por comprar novedades editoriales. Se han ido desgastando, ante títulos mediocres, historias medio contadas y tramas pre-digeridas que parece lo único existente en el mercado. Creo que hace un año fue la última vez que desembolsé una respetable cantidad por una novedad de CF. Era Todas las fiestas del mañana de Gibson y aunque arrancó bien, hasta la fecha no lo he podido terminar.
Mis lecturas ahora van más por lo que a interior de la comunidad de los ciencia-ficcioneros se da por llamar mainstream. Literatura general, mucha latinoamericana. Escasa ciencia ficción... Y aún en el mainstream, pocas cosas suculentas... Hasta hace un par de años, esperaba con ansia lo nuevo de Mario Bellatin, de Auster, de Lóriga... De Benjamín Prado espero inútilmente, porque jamás llegan las novedades a estas latitudes... Y Gifford... Bueno, estoy apenas poniéndome al corriente...
Y no sé. No sé...
No puedo creer que la gente se apasione con mamotretos intragables como El Código Da Vinci o con las historias fotocopiadas de Pérez Reverte... Ni con tantos autores más.
Supongo que por eso ando en la relectura permanente... Y en el desconcierto. Han pasado cuatro años desde que entramos al siglo XXI y no he visto una sola propuesta artística interesante o propositiva. O al menos blufera...
Desierto... Las artes parecen un desierto...
Y no sé... Dan ganas de volver a gritar... Aún sabiendo que nadie oye.
Por lo pronto, seguiré releyendo. A Bester, Farmer, Dick, Cortázar, Borges, Del Paso... Descubriendo más a García Ponce...
Y escribiendo, o buscando escribir todo eso que nadie quiere escribir, que nadie parece dispuesto a ofrecer...
Al menos eso es lo que creo...
Vaya usted a saber.

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