martes, octubre 12, 2004

escritores guardianes

Y vine al café internet a mandar un par de correos y a postear algo muy planeado. Terminar aquello de Poe y los espíritus...
Y estuve a punto de salir de la red sin hacerlo, porque no encontré la cita. Porque, para variar, no quiero clavarme en esta telaraña y perder aquí horas y más horas.
Pero hubo una cosa que me detuvo. La consciencia de tener ganas de postear. El peso de mi deuda académica haciéndome retractarme, sólo porque en el libro de Angélica Gorodischer que me traje, no aparece la cita.
Y me regañé a mi mismo. Me ofendí a mí mismo tachándome de academicista. Y no salí del café.
Así que aquí estoy, tratando de escribir como quería hacerlo.
Primero lo primero: mi pentium no tiene virus, sólo la terca actitud de ahora sí jubilarse en definitiva. El disco duro arranca, se detiene, se estabiliza un rato y luego parece muerto... Y el teclado parece cortocircuitado... Sniff... También mi AT (y esto es noticia vieja, de hace un par de meses), mi vieja 286 se ha obstinado en la jubilación. Ya no puede reconocer el disco duro. Ya no hay acceso a esa info...
Me queda una 486 y mi laptop Macintosh...
Supongo que debo ya conseguir otra compu. Aunque le quepan más juegos, aunque seguro ahí encontraré otras formas de distraerme para no escribir. Por el momento escribo en la lap. Y estoy a punto de resucitar la 486.
En esa 486 al menos he escrito 2 novelas. Una de ellas, de las que más satisfecho estoy: El cuadro, el cubo y siete pesos. Así que supongo que no habrá problemas para continuar escribiendo, por más que al principio haya querido tomar esto como pretexto...
Lo cual me lleva a mi adeudo bloggero. A la cita de Gorodischer. De ella he estado leyendo mucho a últimas fechas, por eso no me extraña no haber encontrado la cita en el libro que me traje. Debe estar en otro documento.
La cita es simple y sólo la iba a usar para respaldar mis locuras. En algún documento, Angélica hablaba de la presencia del espíritu de grandes escritores (no recuerdo cuales; antes mencionaba mucho a Balzac, ahora a Willa Carter; aunque creo que se refería en este caso a Calvino), echándole la mano para escribir sus obras. Que sin la presencia de ellos, quizá los textos no habrían salido.
Y yo he experimentado cosas semejantes. Aunque no aseguro (ni ella) haber visto fantasmas, en dos o tres ocasiones he sentido como una ayuda extra; una súbita recuperación de energías cuando enfrentas un texto que ya no sabes hacia donde va. Y de pronto, de la nada, del mismo escrito, la resolución surge. Brilla, destella. Y no puedes dejar de considerar que momentos antes te preguntabas como habría resuelto el problema Dick o Borges. O quien sea. En mi caso casi siempre es Dick. Y poco después de pensarlo, zas: la solución está ahí.
Con Dolorosa no sé en quien pensaba (tengo borradas, por razones depresivas, por razones de supervivencia, la mayor parte de las memorias de 1998 y 99). Quizás en Poe. Casi seguro en Poe.
Y ahora que hacíamos el Homenaje en su honor, no pude tampoco evitar pensar con intensidad en él. En cómo se sentiría si viera, si estuviera viendo lo que algunos escritores hacemos y pensamos de y con su obra, a partir de su obra.
Poco después de esa reflexión, llegaron los tres eventos sorpresivos: la descompostura aparente de mis dos compus, la nube negra sobre Profética. Y no puedo evitar pensar que, de una u otra manera, Poe estaba allí, haciendose presente con cada suceso.
No puedo evitar repensarlo. Y casi creermelo.
Casi. Tampoco aseguro que así haya pasado.
O que mi escritura sea nigromántica, que acuda, convoque a los espíritus para que me dicten y que los oigo.
No, no creo hacer Necroarte©.
Pero, en sucesos como los narrados, tampoco puedo evitar pensar que algo así ocurre, que estan allí y que, de pronto, como ángeles de la guarda, me echan la mano en momentos de dificil resolución argumental o estética. Ángeles-Escritores Guardianes.
Vaya usted a saber...
Esto, para variar, fue sólo un debraye más, surgido del diario caminar las calles. Quizá del mucho darle la vuelta a las cosas o sólo de este cerebro calenturiento que me hace seguir escribiendo.
See ya soon, you people behind the screen.

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