miércoles, enero 05, 2005

más gomi, kippel y kitsch

Y no es que vuelva a tropezar con la misma piedra. Es algo más sencillo. Creo que no hablé lo suficiente en el pasado post y no sé si ahora logre concretar más la idea, pero el intento se hará; porque siento esa necesidad, porque aún sigo hermético en cuanto a contar cosas de mis devenires acompañados. Pero sobre todo, porque cada vez me queda más claro este panorama de un mundo hecho tiradero, aparador y vendedor de basura.
Quizá la primera objeción al anterior post será la de equiparar el Kitsch con dos etiquetas que definen directamente a los desechos.
Quizá con este post ya para algunos sea evidente mi postura de integrado, mi animo DJ de mezclas extremas.
Algo hay de verdad en eso. También en lo que subyace: no importa el tipo de pensador que aborde el problema, ni el vocablo que utilice para denominarlo; lo que en mi óptica resalta es el hecho de que autores disímiles miren con igual preocupación el estado del mundo, esta condición humana de pepenadores en el basurero global en que hemos transformado el mundo; sea con ideas respaldadas por catedras y/o canones, sea con la mirada simple de los que buscan contar historias.
La condición pepenadora prevalece en todos los ámbitos: ideológico, material y no se diga político. No sólo prevalece, ya ha adquirido un cierto prestigio.
Y supongo que es sobre todo el tufo de este prestigio el que me ha hecho volver a hablar del tema. Los detonantes, no los tengo claros. Puedo culpar en primera instancia los faciles discursos cargados de "buena moral" que se transmitieron en toda esta temporada navideña, o los múltiples productos de consumo que mi familia se vio "obligada" a comprar, o el creciente número de rubias falsas, de múltiples tonos de piel con que me he topado o el simple fluir del comportamiento humano, en estos días de vacaciones.
Puede ser algo más sencillo. Mi indignación ante la miriada de basura literaria que plagó las librerías.
Pueden ser cosas que ni siquiera he registrado en el consciente. No lo sé. Creo que como los personajes de Dick, sólo me pasa que tras la apariencia lustrosa de mi entorno, siempre manchada por una nota, un perro sarnoso, un pordiosero, alcanzo a distinguir el verdadero estado de las cosas. Este mundo basura.
Y espero no estar encaminándome a la locura.
Esto es sólo un debraye más. Una queja abierta a esta telaraña ciberespacial también aquejada del mismo mal.
Una simple molestia que no se apaga.

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