jueves, febrero 24, 2005

rutas

Postear o no postear, tal es el dilema. Decir por decir o porque se tiene algo que decir...
No lo sé de cierto. Sé que no quise dejar pasar este instante para entrar al blog y que hay un montón de cosas que podría contar, como mi nueva y brillante simbiosis productiva con mi PC, como mis agradables sorpresas al ver a Sarah Michelle Gellar en un papel que no es el de Buffy, en pantalla grande, y sorprenderme con su actuación, o contarles de cómo el martes, con la Lobita primero y luego con el Motor Literario, inauguramos un par de locales que de seguró estarán de moda en Puebla.
O quizás describirles mis referencias cruzadas entre los tres libros que estoy leyendo... O comentar que ante el inevitable y natural alargamiento que sufrió mi novela, esta semana me dio por volver al cuento, porque con la simbiosis volvió el ansia de acabar materiales y el cuento siempre es maravilloso para eso...
Podría contarles todo eso y sin embargo, supongo que por esa simbiosis con mi PC, de pronto me encuentro con la sensación de que no vale la pena contar ninguna de esas cosas.
Hace como un año, Andrés me comentaba que en alguna parte había leído sobre nuestras malditas costumbres. O sea, sobre estas manías cuasi-nerds o de plano nerds de sólo interesarte en una plática cuando se habla de temas profundos. En su lectura, Andrés encontró que esta imposibilidad de ciertas gentes para hablar y divertirse con trivialidades, era una suerte de alteración mental. Una suerte de... y la palabra no me viene a la boca, a los dedos... una suerte de autismo... Y ahora parece que se me ha contagiado al plan del monólogo... porque nunca me había dado en el blog esta especie de bloqueo...
Supongo que es la simbiosis. Con mi PC, con mi Lobita...
El tiempo se me acaba, tendría que estar ya en mi taller...
Y esto quedará medio retorcido e incoherente. En un esfuerzo por cerrar este post, va una cita. Una que, para variar, destelló en su coincidencia temática con mis devenires:

Una tarde de entonces, por cierto, descubrí las páginas de ejercicios de mecanografía que Sabina, otra hermana hacía en el taller de la secundaria, y vi que estaban llenas de columnas con letras simétricas que no decían nada, y pronto aprendí que así eran muchas intervenciones de la gente que habla mucho: como columnas de "xyz", "xyz", "xyz", que no dicen nada pero no dejan al otro robarle la palabra, mientras se les ocurre decir algo que tenga un mínimo de sentido. Concluí que la clave está en que mantengan un mismo tono más o menos exaltado.
Alberto Vital

Headhunters


See you soon...

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