Y sí, mientras caminaba hacia esta sala de micros, empecé a leer el libro que me dio Arturo. De inmediato me encontré identificado. Vean: Encendió un cigarrillo y al apuntarlo en el cuaderno sintió una cierta inquietud porque, según sus cuentas, sólo le quedaba aquel y dos más para morir. Había empezado con esa historia dos años antes, cuando leyó en el periódico una noticia en la que se aseguraba que por cada cigarrillo que fuma, una persona normal pierde hasta doce horas de vida. ¿Era cierto? Gabriel hizo cuentas: su dosis de una cajetilla le quitaba por día otros diez, setenta a la semana y doscientos ochenta mensuales; en un año perdía nueve, de modo que en los cinco que llevaba fumando había consumido cuarenta y cinco, su edad actual. De acuerdo con sus cálculos y sus anotaciones, al acabar ese paquete su saldo llegaría a cero Benjamín Prado Jamás Saldré Vivo de este Mundo Y no es que yo tenga cuarenta y cinco o que fume una cajetilla al día (es una y media), pero siempre, de...